En la penúltima semana de Abril, después de más de 15 horas de viaje, en la sierra, muy cerca de antigua Guatemala se me presentó un pueblo indígena, San Andrés Itzapa. Cinco o seis cuadras cuesta arriba más tarde llegué a donde me hospedé tres días arreglando bicicletas, bicilavadoras, bicilicuadoras, bicidesgranadoras y demás bicimáquinas para la comunidad Kaqchikel: Maya Pedal.
Una vez asignado el lugar donde dormiría y con mis cosas acomodadas pasé a colaborar en el quehacer de la organización. Los voluntarios, que en ese momento sumábamos un total de 14, aprendimos, a las pocas horas de haber llegado, lo más demandado y básico: reparar llantas ponchadas, balancear rayos, componer frenos y en seguida nos pusieron a practicar con los vehículos que la gente llevaba a arreglar.
Una vez en el trabajo me fui dando cuenta de que aunque no es muy rígida, entre la gente que colabora en la organización hay cierta jerarquía. A la cabeza está Carlos Marroquín, quien vive y es parte de la comunidad donde se encuentra el grupo, organiza a los voluntarios, representa a Maya Pedal y se concentra, sobretodo, en diseñar y construir bicimáquinas. Debajo están los voluntarios que llevan más tiempo ahí, Gavin y Paul, dos norteamericanos que enseñan las lecciones básicas, dirigen al grueso de los voluntarios, atienden a la gente y son parte importante de la construcción de bicitecnologías. En el primer piso del organigrama están los voluntarios que vienen y van, se ocupan de tareas diversas como arreglar pinchadas, limpiar, cocinar y demás.
Para el segundo día en Maya Pedal fui descubriendo más a fondo cómo opera la organización y sus relaciones con otras cooperativas ciclistas. Reciben, en primer lugar, apoyo de Bikes not bombs, un grupo estadounidense que, a cambio de transparencia en su contabilidad de gastos les envía un contenedor lleno de bicicletas desechadas cada que logran acumular el dinero de los gastos de envío. Al llegar a Guatemala, éstas bicicletas son arregladas y puestas a la venta para generar el dinero que se gasta en renta, luz, internet y demás. También son apoyados por: Working Bikes, Pedal Energy Development Alternatives, Canadian International Development Agency y Gaia Project.
La bicitecnología que Maya Pedal provee a la comunidad maya de la sierra guatemalteca consiste esencialmente en máquinas básicas de uso doméstico potenciadas por energía generada con las piernas. Para crearlas, toman máquinas inservibles, remueven el motor e incorporan el sistema de pedaleo para echarlas a andar sin requerir de energía eléctrica y por lo tanto haciendo gratuita la tarea, proporcionando ejercicio al que la lleva a cabo y dejando atrás la contaminación que implica la utilización de la luz eléctrica.
En varias partes del mundo existen organizaciones como ésta, sobre todo en apoyo a comunidades de bajos recursos. Un ejemplo de esto es Cacita, una organización ubicada en Oaxaca, con la misma visión, que también cuenta con el apoyo de Bikes not Bombs. Estas organizaciones y sus voluntarios son parte de la gama del movimiento y grupos en pro del uso de la bicicleta denominado Masa Crítica, como Bicitekas en el Distrito Federal y Movimiento Ciudadano Un Auto Menos en Mérida.
El tercer y último día me dediqué a la horrible tarea de acomodar rayos por tamaño, un trabajo tedioso pero necesario. Solo abrían el taller medio día y, por Semana santa, hasta el lunes retomaban actividades. Hice mi maleta, comí algo y salí de regreso a mi calurosa Mérida. Esta organización y en específico la bicitecnología que utiliza, sobre todo para lugares tan idóneos como Yucatán (con su planicie que casi exige el uso de la bicicleta) podrían crear verdaderos cambios no sólo en el medio ambiente, sino en la economía y salud de las personas tanto de los pueblos como de la ciudad. Si la comunidad maya guatemalteca lleva trece años aplicándolo sin pérdidas, la comunidad maya yucateca no tiene por qué quedarse sin intentarlo.

